En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir
confiado
Salmo 4:8
Recuperar es recobrar aquella palabra que no dije, el saludo que olvidé, el abrazo que no me animé a dar, la mentira que oculté, la ayuda que no llegó, la charla postergada, el te quiero que ni siquiera balbuceé, el gracias que faltó, el perdón que no pude o no quise expresar...
Todo lo que no fue por múltiples razones pertenece en tiempo y espacio al pasado.
Te pregunto: ¿vale la pena caminar sobre los escombros del pasado? Como expresa nuestro apreciado hermano Billy Graham.
¿Cuánto resolveré, cuánto subsanaré, cuánto me lastimaré? Somos nosotros, nuestras circunstancias y experiencias de vida, testigos implacables de todo lo que hice y de todo lo que no pude hacer.
Ni el pasado es pisado, ni el pasado se olvida, sólo es tiempo de vida transcurrido.
¿Quién nos hace mirar atrás y cuán poco hacia delante? Los llamados poderosos y dominadores de nuestros actos como lo son la culpa, la vergüenza, el miedo, los recuerdos, el silencio, los mitos, el rencor, etc., que no niego que existan en nosotros y nos aten al pasado pero admito que con su furia manejan muchas veces, nuestro presente.
En el libro de Génesis, capítulo 19, Dios decide destruir con lluvia de azufre y fuego dos ciudades: Sodoma y Gomorra y pide a Lot y su familia, huir y no mirar atrás... Pero fue su esposa que con mirada codiciosa, vuelva sus ojos y se vuelve estatua de sal.
¡Qué interesante! ¿Sabías que a la sal se la conoce como un mineral cristalino vital para la alimentación humana y símbolo de subsistencia? Pero puede ser también, símbolo de desolación, esterilidad y emblema de miseria que perdura. Para pensar...
Querido/a amigo/a: ¿por qué buscamos el pasado para subsanar el presente?
Cuando cada mañana abres tus ojos por la maravillosa bondad de Dios, tienes la posibilidad de dejar de “caminar sobre escombros” para transitar sobre suelo firme y liberado de culpas. Si empiezas a dejar de insistir en recuperar lo perdido, empezarás a ganar.
Quiero compartirle este motivador versículo de la Biblia... “puestos los ojos en Jesús...” No pongamos nuestra mirada y permanezcamos en el Cristo crucificado y sufriente sino en el maravilloso Hijo de Dios que resucitó, venciendo a la muerte, para darnos vida y abundante.
Cristo es el presente, es el hoy y es el camino al futuro, incierto para nosotros pero seguro en las manos de Dios. Los errores del pasado no se curan trayéndolos al presente, sólo dejarán de lastimarnos cuando sean puestos a los pies del Salvador para a partir de hoy, vivir un presente saludable.
Despojarte del pasado, te hace libre para un presente con Dios.
Cordialmente Laura Bustamante
Ser una familia es mucho más que tenerla y poseerla. Ser implica “existencia” y “pertenencia”. La familia es el lugar de privilegio, creado y elegido por Dios para “ser” madres, padres, hijos/as, abuelos/as, etc. Las hay muchas y distintas: algunas con padres e hijos en unidad, otras con padres alejados pero presentes, algunas con ausencias de seres muy queridos que ya no están entre nosotros, otras con la sola presencia de una madre fuerte y valiente ante la adversidad, algunas con un padre desempeñando multiplicidad de funciones...
La familia actual está fuertemente amenazada no por fantasmas de una sociedad posmoderna sino por peligros reales y tangibles que atentan desmedidamente y arriesgan el hogar, como lo son: la incomunicación, la violencia en todas sus dimensiones, la doble moral, la intolerancia, la pornografía, el abandono, el abuso, la droga, la falta de tiempo y límites, y muchos más... La familia, institución social básica, es el primer agente generador de valores. Por lo tanto, ¿qué es un valor? Es una significación personal que dirige y orienta la acción humana. Educar en los valores que Dios nos imparte, educar para una vida sana y plena y cada familia lo hará en su reducto de intimidad, asumiendo la gran responsabilidad ante Dios. Formar valores es un proceso de enculturación que dura toda la vida y a partir de allí, cada familia podrá definir un modelo propio y único de educación para sus hijos basado en el respeto mutuo, la honestidad, el amor al prójimo, la solidaridad, la amistad, la no violencia, la empatía par comprender, la dignidad y sobre todo en hacer conocer a otros a Dios como el Autor y Creador de nuestra familia. “Herencia de Jehová son los hijos...” Salmo 127:3.
Apreciado tesoro y de inigualable valor es la herencia que Dios nos cede para que el ser humano empiece a transformar su amor propio en un amor casi inexplicable que bendice su vida. Los hijos no son nuestra posesión, son ellos, por voluntad de Dios, que llegan para darnos el honorable título de padre y madre. El hermano Walter Bevan expresa que “una familia sana dada por Dios es lo que justifica la vida del hombre en generaciones futuras...” Día tras día, estimados papás, crecemos junto a ellos en una ardua y responsable tarea, aceptando el desafío frente a Dios de que pensando y actuando en el presente de nuestros hijos/as con la sabiduría que Él nos imparte, ayudarnos a construir su futuro.
Feliz Día queridas familias!!!
Lic. Laura Bustamante
Porcion tomada de la revista CRECIENDO Octubre 2008